Encuentros

jueves, 7 de julio de 2011

"Historia de un descenso al infierno". Temp. 2 - Cap. 1: "METAMORFOSIS EN PROCESO ACTIVO"

"Otro día más en el infierno, otra noche menos en el cielo"

Después de estos últimos 6 años en el infierno, hoy me doy cuenta que en realidad nunca llegué a pisarlo. Creí haber descendido de los cielos, y todo resultó ser sólo un sueño. Quizás una horrible y larga pesadilla, si me parara a contar todas las decepciones y los desencuentros... Pero en el fondo un sueño, crítico y constructivo, e incluso necesario. Nada es eterno, todo muta. Y hay un tiempo necesario para cada mutación. ¿Pero en qué punto la mutación pasa de ser proceso activo a elemento vivo? Quizás cuando la mutación sea completada... Aún así, en estos momentos en que la lucidez regresa a mi mente y soy capaz de racionalizar el cambio, me voy dando cuenta que no soy la misma, ni lo volveré a ser.

No podemos cambiar el mundo, pero podemos cambiar nuestra realidad. ¿Por qué conformarme con ser una más si puedo ser una menos? Sí, una menos. Una menos del rebaño sin sentido que forma esta sociedad en la que me ha tocado vivir.

Llevo días viendo los geniales monólogos del señor George Carlin. Su irreberente desfachatez, acompañada de sus virales dosis de sinceridad aplastante, me han hecho reírme mucho de la estupidez que afecta y mantiene aletargada a la humanidad. Y me han hecho dar cuenta de que jamás estuve sola. Hay más gente como yo en este mundo. Gente que no se conforma, que no se complace, gente que piensa distinto y no le importa el qué dirán. Personas como yo que, aunque lejos de mi alcance, existen y viven y luchan como yo. Puede que jamás pueda sentarme a tomar un café con alguna de estas geniales personas, pero puedo saber de ellas, compartir sus inquietudes y pensamientos, gracias a internet. Y eso anula a mi soledad. La ha dejado fuera de juego, para siempre. Quizás algún día tenga el placer de cruzarme con algunas de esas personas, y disfrutar por un instante, efímero, de su compañía. Y esa ilusión llena de esperanza mi razón, y de sentido los días que me quedan por vivir en esta prisión. Ha llenado de luz la oscuridad más absoluta, porque la chispa de la razón ha vuelto a prender fuego en mi corazón.

Así que como al final, a nadie le importa nada ni nadie, más que sí mismo, eso mismo voy a hacer yo. Retomo proyectos olvidados y conseguiré mis objetivos, porque puedo y porque yo lo valgo. Y como todo llega, el día que me toque llegaré a ser la persona que siempre quise ser. Feliz ya lo soy, porque tengo las oportunidades que otros jamás podrán tener, y sólo por eso ya merece la pena hacer el esfuerzo de conseguirlo. Me he dado cuenta de que ese esfuerzo es lo único que realmente me da esa felicidad que tanto ansiaba y que no sabía ver que ya tengo. Todo es un proceso, primero hay que vivir para luego aprender de lo vivido. El que corre demasiado acaba por no ver las señales de peligro en el camino, y termina equivocándose y haciéndose daño. En esta vida hay que andar, contemplar, absorber, conocer, pensar, dudar, sentir, gozar, llorar, reir, escuchar, hablar, amar, odiar, caer, volar, comer, beber y respirar, para poder aprender a vivir en paz con uno mismo, ya que con el mundo es imposible encontrar esa paz. Siempre habrá alguien o algo que no nos guste y nos haga pensar que las cosas no deberían ser como son, aunque sean tal cual.

Y en todo este proceso de mutación, hay cosas en mí vida que deben cambiar. No sólo por mí, sino por el efecto que tienen fuera de mí y de las que no quiero ser responsable, porque bastantas cargas tengo como para ir arrastrando ninguna más.

Y el primero de esos cambios debe ser interno, pero a nivel molecular, físico y fisiológico, ya que somos lo que comemos. Nunca me he considerado una predadora, porque implica violencia sin necesidad. Las cosas que uno necesita se consiguen con esfuerzo y dedicación, porque sólo así pueden ser legítimas y perdurar. Todo lo que se arrebata y se toma por la fuerza, es simplemente fútil y vacío, y acaba por terminar y desaparecer. Así que el primero de mis cambios va a ser mi alimentación. ¡¡¡He decidido ser vegetariana!!!

Y ¡buff!... ¡No va a ser nada fácil a nivel mental! La verdad que nunca me han gustado mucho las verduras. Desde pequeña les he tenido una manía especial. Pero ahora sé que era porque la persona que me cocinaba lo hacía mal, sin esmero ni cariño, ni gana alguna de que nos gustara a los demás. Pero la cocina vegetariana está llena de recetas deliciosas y ricas, tanto a nivel gastronómico como nutricional. Y además es un tipo de cocina que permite mantener unos niveles de grasa corporal muy bajos, y que me pueden ayudar a sentirme mejor conmigo misma y con mi cuerpo. Porque a consecuencia de esto, mi cuerpo va a cambiar. Somos lo que comemos, y quiero que mi cuerpo sea otro y funcione mejor. Supongo que cada cuál tiene que encontrar su propio equilibrio con su cuerpo y su alimentación, y después de tantos años, creo que intentarlo tampoco me puede hacer ningún mal. Puede que a muchos les parezca una decisión radical, más cuando sólo en apariencia, está fundamentada con una necesidad de cambiar para tener la imagen deseada, pero mi cambio va más allá. Va hasta el punto de creer que si no me alimento de violencia, no habrá violencia dentro de mí. Y quizás sea así, ¿por qué no probar? Nada pierdo, porque nada tengo, más que mucho que olvidar, y si en el intento olvido, ya habré ganado la mitad. ;)

Así que hoy he empezado por eliminar la leche y los productos lácteos de mi dieta, y he probado la LECHE DE AVENA. ¡Es deliciosa! Tiene un sabor dulzón, que me recuerda a la horchata, a la que soy adicta desde que tengo uso de razón y elección. Pero me he podido tomar mi capuccino matinal sin notar un cambio de sabor exageradamente inaceptable. ¡Pensé que me iba a costar más! Supongo que cuando se tiene una costumbre diaria, como tomar el café con leche de la mañana, es muy difícil eliminar esa necesidad, así que estoy intentando sustituir los ingredientes de mi dieta, en vez de cambiarla por completo y que me resultara una tarea tediosa e imposible de alcanzar. Las tortitas de arroz o maíz que acompañan a mi capuccino cada mañana, ya hace tiempo que las incorporé a mi dieta, así que de momento los desayunos no me van a resultar extraños ni aburridos.

Para las comidas y cenas, he estado recopilando recetas vegetarianas en la red, y la verdad que he descubierto blogs de cocina vegetariana realmente interesantes, y con recetas que ya estoy deseando cocinar y probar. Nunca he tenido la carne como primera opción, así que no creo que me cueste sustituirla por cualquier tipo de vegetal, al fín y al cabo lo que da sabor a un plato es la manera de cocinarlo, las especies que le añadas y el amor con qué lo hagas. ¡Y de eso tengo un postgrado ya! Lo único que me va a costar más es dejar de comer pescado y marisco, ya que siempre me han gustado mucho. Pero todo sea por el cambio, ¿no? ;)

Quizás me anime a empezar un blog de cocina vegetariana con las recetas que haga "a mi manera". Seguro que hay gente especial como yo con la comida, y que se alegrarán de ver recetas en las que tengas la opción de añadir o quitar ingredientes... Odio el pimiento. No es que no me guste o no lo soporte, es un odio aparentemente irracional, pero si hay pimiento en mi plato, no como de ese plato. No puedo tolerar como infecta al resto de ingredientes con su amargo y asqueroso sabor. Me supera. Así que mis recetas siempre serán SIN PIMIENTO. JAJAJAJA.

Y por hoy... ¡ESTO ES TODO, ESTO ES TODO AMIGOS!

Mañana más y mejor! ^^

MITH